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Números publicados > Septiembre - Octubre 2006> Palabra del Rector Mayor |
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Los padres que viven experiencias de amistad sincera y genuina enseñan realmente a los hijos qué significa tener amigos. Es triste tener padres que no invitan nunca amigos a casa: de esta forma llega a faltar una ventana abierta sobre la vida, y a padres de este tipo no les resulta difícil, sino imposible, comprender cómo la amistad es un valor importante en la existencia. La amistad verdadera da la fuerza para lanzarse a una aventura, para pensar lejos, para empeñarse. Tal vez es por esto que casi todos los adolescentes dicen que la amistad es para ellos lo más importante. Y esto porque en la amistad uno se siente más fuerte gracias a la seguridad y la confianza en sí mismo que le llega de la confianza de otra persona a quien respetamos, a quien es posible confiarle todo; también aquello de que no nos enorgullecemos, sabiendo que será aceptado con tolerancia. Los amigos son importantes. La sabiduría popular ha expresado siempre el problema con claridad y sencillez: “Dime con quién andas y te diré quién eres”. Los hijos son influenciados por los amigos, por su ambiente, por sus “juntas”. Según estudios recientes, la personalidad de los hijos está influenciada principalmente (sin negar siempre el peso de la herencia) por los cercanos, destinados a plasmar el comportamiento y las elecciones mucho más que la educación paterna y materna. Son los compañeros/amigos (de juego, de escuela y de barrio) quienes determinan el acento y las actitudes del niño, lo hacen frágil e inseguro cuando se siente rechazado porque no acepta las reglas del grupo, lo llevan hasta el extremo de abandonar los estudios ante todo!”, y la familia pasa a segundo lugar. Através de las relaciones amistosas o agresivas que vive, el adolescente comienza a tomar distancias de sus padres y descubre la “vida en sociedad”. No hay que al armarse: a fin de cuentas, es el mismo recorrido que han hecho sus padres, para demostrar que los amigos son no sólo útiles sino indispensables. Con los amigos se comienza a amar a alguien fuera de l a familia, a respetar otras prioridades, a descubrir otras fidelidades. Es un aprendizaje necesario, que no termina con la adolescencia sino que continúa toda la vida.
Puede parecer excesivo, pero muchos padres viven realmente esta preocupación. La presión de los compañeros y de los amigos es poderosa. En grupo, el muchacho más gentil del mundo puede dejarse arrastrar a acciones que nadie habría logrado imaginar jamás. La elección de los amigos no es nunca una eleción fácil y no es nunca una eleción neutra: puede estar sembrada de desilusiones, traiciones, sufrimientos. Por esto los padres saben que deben actuar con tacto y prudencia en este campo. El
tema de los amigos es importante sobre todo para los hijos. «¿Por
qué sus amigos son más importantes que su familia?».
Por más que sus padres sean buenos y comprensivos, su mamá
serena y equilibrada, su papá afectuoso Los amigos introducen en el “círculo familiar” ideas nuevas, obligan a comprobar las propias, a ahondar la búsqueda de problemáticas acuciadoras, a evaluar puntos de vista propios y ajenos. Son fuente de conocimiento, de confrontación y a pertura, estimulando a trasladar los intereses propios también fuera de la familia, a descubrir y, a veces, hacerse cargo de dificultades y problemas del prójimo... La amistad, en resumen, enriquece, enseña el respeto y la tolerancia, satisface la necesidad de animación y apoyo que cada uno siente y busca. Los amigos no sirven para huir de las responsabilidades que tenemos; al contrario llevan a mirar de frente la realidad, para enfrentarla con las debidas energías. |
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