Los
miembros de la Iglesia pueden pensar que están realizando
bien su labor de evangelización porque los domingos asiste
un buen número de personas. Habría que preguntarse,
¿cuántos deberían venir?, ¿cuántos
pudieran venir?, ¿a cuántos estamos intentando
acercarnos?
El
Concilio Plenario, en el documento “Proclamación profética”
en el Nº 43, alerta a la Iglesia venezolana diciendo: “La
indiferencia religiosa va ganando terreno. Crece el número
de personas que simplemente prescinden de lo religioso, por
considerar el mundo de la creencia y de la fe como innecesario”
Como
párroco les tengo que decir que he llegado a la conclusión
que definitivamente no podemos seguir esperando a los parroquianos
en los templos. Es necesario cambiar las flechas de la iglesia
para poner en práctica el desafío testamentario
de Jesús antes de la ascensión: “Vayan y hagan
que todos los pueblos sean discípulos. Bautícenlos,
en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo,
y enséñenles a cumplir todo lo que yo les he encomendado.
Yo estoy con ustedes todos los días hasta que se termine
el mundo” Mt 28,19-20.
Intentando implementar estrategias que me permitan concretizar
esta convicción quiero contarles una humilde experiencia
que he tenido en este tiempo pascual.
Desde
que llegué a Los Teques he intentado acercarme a la gente
participando en muchas de las actividades que organizan las
comunidades cristianas en las zonas, por ejemplo, en rosarios,
vía crucis, visita a los enfermos, celebraciones de la
Palabra, visita a las escuelas; además de esforzarme
por brindarles una buena acogida a los que vienen al templo.
Conversando
con algunos de los parroquianos les he propuesto realizar una
experiencia piloto de contacto directo con los vecinos, a través
de lo que llamé: LA VISITA PASCUAL. Se trata de ir casa
por casa para saludar personalmente a las familias y realizar
una pequeña bendición.
Decidí
iniciar la experiencia en la zona geográfica más
cercana a la sede parroquial o sea la Urbanización Simón
Bolívar. Propuse un cronograma de visitas y contacté
en cada bloque dos o tres personas que motivaran a los vecinos
para que me recibieran el día que les tocaba visitarlos.
Desde
el 11 de mayo, casi todas las noches, terminada la misa me dirijo
a un bloque donde me esperan los contactos del bloque (gracias
a ellos puedo evadir todas las rejas que tiene un párroco
para visitar y entrar a un apartamento). Con el equipo subo
al último piso y, mientras uno me acompaña para
entrar en la casa que hay que bendecir, el otro toca las otras
puertas y motiva a los otros vecinos. Así voy bajando
todo el edificio hasta llegar a la planta baja.
Animadoras de las celebraciones |
Pido
a Dios nos dé la
suficiente inteligencia
para organizar a todo este
pueblo que como dice
Jesús:
“están como ovejas
sin pastor”
y requiere de pastores
que lo conduzcan
hacia fuentes tranquilas |
En
este momento llevo nueve bloques visitados y tengo que decirles
que ha sido una experiencia maravillosa. No saben con cuánta
alegría me ha recibido la gran mayoría de los
vecinos. Realizando esta actividad no puedo menos que valorar
y agradecer a todos los párrocos anteriores y a los salesianos
que han pasado por las comunidades de Los Teques por el bello
recuerdo que han dejado en la gran mayoría de la gente
de esta comunidad.
Esta
bella experiencia me desafía y me compromete como párroco
para continuar impulsando un trabajo que involucre y comprometa
progresivamente a los parroquianos dándoles espacios
de participación y de corresponsabilidad.
El
contacto directo con la gente me lleva a eliminar de mi diccionario
lo que me dijo alguien que supo que venía a Los Teques.
“La gente de Los Teques es un poco apática”. Pues no
es cierto, y estoy comprometido a crear un sistema de participación
en el que canalicen todo el aprecio que la gente tiene por la
Iglesia.
Constaté
que el trabajo de inserción que hemos realizado con los
jóvenes y colaboradores parroquiales ha dado sus frutos;
considero que el terreno está preparado para iniciar
la implementación de la sectorización que nos
permitirá establecer una comunicación sistemática
con todos los vecinos a través de la distribución
de una carta que mensualmente llegará a cada hogar.
Definitivamente
no podemos quedarnos en el templo esperando a la gente que venga.
Como Iglesia misionera debemos crear puentes con los más
pobres de nuestras parroquias; o sea, con los que no vienen,
los que no tienen, los que no pueden y los que no saben.
Como
miembro de la Iglesia postconciliar siento que es necesario
renovar el ardor, las expresiones y los métodos, como
nos decía Juan Pablo II al lanzar el reto de la Nueva
Evangelización al continente americano.
Con humildad me he permito compartir esta experiencia que me
ha ayudado a crear puentes con esos lugares donde, desde hace
mucho tiempo, la iglesia está ausente.
Pido
a Dios nos dé la suficiente inteligencia para organizar
a todo este pueblo que como dice Jesús: “están
como ovejas sin pastor” y requiere de pastores que lo conduzcan
hacia fuentes tranquilas donde se sientan tenidos en cuenta
y donde puedan desarrollar su vocación de servidores.
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