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   La familia, cuna de la vida...

   EDUCACIÓN:
          COMPROMISO DE FAMILIA

El título de este
artículo está relacionado
con el lema
del Aguinaldo para
el 2006, ofrecido por
el Rector Mayor de
los Salesianos de
Don Bosco. A la luz
de la profundidad
de esta frase refl exionemos,
¿qué nos
dice a nosotros los
venezolanos…?
 

La familia venezolana se encuentra afectada por una serie de factores que le restan fuerzas a su insoslayable rol como forjadora de valores humanos. Uno de esos factores es el Modelo Económico Mundial, que ha arropado también a nuestro país, haciendo sentir su incidencia, sobre todo, a nivel de los núcleos familiares. Expliquemos la razón de esto.

Se conoce bien que el boom histórico petrolero venezolano, provocó la obligada ruptura de los núcleos familiares en las comunidades rurales, saliendo en búsqueda de alternativas de trabajo a la ciudad; desde allí se inicia la idea de concebir nuestros hogares con desestructura familiar, donde la ausencia de alguno de los dos apoyos de familia (padre o madre) se hacía sentir en el núcleo vertebral. Este esquema se viene manteniendo desde ese momento histórico hasta nuestros días.

Por otra parte, aquellos núcleos familiares más favorecidos que tienen actualmente ambos padres, hoy, frente a la necesidad demayores ingresos y mejor calidad de vida buscan también salir al mercado laboral a conseguir el sustento básico para cubrir necesidades primarias y algo más, marcándose inevitablemente la ausencia en el hogar. Trabajar horas extras, dedicarse a otros oficios adicionales, ocupar laboralmente fines de semana y llevarse el trabajo para la casa, son salidas que incrementan la ausencia física y la desatención a las necesidades afectivas en los hijos.

Hay padres que trabajan arduamente para cubrir los gastos de un colegio privado para sus hijos, allí desplazan y depositan toda la responsabilidad del proceso educativo que conforma: la adquisición de hábitos, la asunción de valores, las pautas de convivencia ciudadana, entre otras. Padres que pagan colegios o guarderías para que les sustituyan en la tarea de cuidados y educación, algunas veces por necesidad, otras veces, por comodidad.

Infantes y jóvenes pasan mayor tiempo en sus guarderías, escuelas o liceos que en sus hogares; al terminar la jornada de estudio y llegar a estos, los sienten como espacios extraños y fríos, ya que donde comparten experiencias
de intimidad, afecto y, donde son escuchados, es allí: en sus colegios.

Los hogares pueden pasar a ser espacios fríos, dada la ausencia de ambos padres, que al caer la noche todavía siguen en su jornada diaria; el poco tiempo que pueden compartir con sus hijos está condicionado por el agobio y el estrés laboral, provocando que en algunas ocasiones se suprima o evada el rol de padres, por la necesidad del descanso merecido.

En una de las líneas de la canción de Franco de Vita, No Basta, expresa: “…que de afecto tú le has dado bien poco, todo por culpa del maldito trabajo y del tiempo”. Estribillo que recoge la incidencia dramática de las ocupaciones laborales y de la asfixiante angustia por buscar mejores ingresos. Quienes directamente se ven afectados son nuestros infantes y adolescentes, los cuales pueden “pasar factura” con problemas de adaptación escolar, problemas de disciplina, actitudes de rebeldía injustificada, experiencia en consumo de drogas o alcohol y deseos de abandono del hogar.

En tal sentido, no es nada fácil negociar con esta presión socioeconómica que cada día que pasa incorpora a sus filas más adeptos en búsqueda de “sobrevivir”, de competir, de salir a la superfi cie sin dejarse ahogar por la impasible resaca del alto costo de la vida.

Otra lucha imperante es contra los medios publicitarios y de comunicación, que refuerzan la exhibición y exaltación del culto al cuerpo y a la imagen como los indicadores sociales que se toman en cuenta para el reconocimiento de la persona. Esta frívola realidad social arrastra las mentes y atenciones de nuestros adolescentes, y al darse cuenta que no pueden cubrir esos requisitos para ser aceptados, se frustran, cargando con ellos sentimientos de baja estima que afectarán también las demás áreas de su vida.

Frente a estas amenazas descritas emerge la necesidad de la promoción de la familia, familias que frente a las dos tareas, ser educadores y negociar con el sistema económico, puedan salir a la delantera de esta lucha. ¿De qué forma? Optimizando el tiempo que comparten con sus hijos, atendiendo a las necesidades particulares de los hijos (que casi siempre son pospuestas u obviadas). Respetando el espacio de la intimidad familiar y planificando encuentros de comunión familiar.

Estas son algunas de las aplicaciones que se pueden considerar en aras de conservar y fortalecer la convivencia familiar, esa experiencia de vida insustituible, donde se forjan los valores de la convivencia ciudadana.

Apreciadísimos padres, finalmente, no confíen la labor de educación de sus hijos a la escuela, ya que la Educación es: Compromiso de Familia. Hasta la vista !!!

 

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