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Números publicados > Septiembre - Octubre 2006> Coro celebra un nuevo sacerdote |
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Los Salesianos y los jóvenes se alegran con César |
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| CORO CELEBRÓ UN NUEVO SACERDOTE |
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- ¿Quisieras compartir con los jóvenes de Venezuela, que leen el Boletín Salesiano, cómo nace esta inquietud por el sacerdocio; cómo se inicia este camino de entrega que llega hoy al punto de poderte llamar “Padre César”? - El inicio está en mi propia familia. El estilo de vida de mis padres nos llevó a la experiencia de ver a Dios que está con nosotros, que nos acompaña, que está siempre amándonos y preocupado por sus hijos. Esa es la fe que me fueron transmitiendo mis padres. Con el tiempo, en el colegio Pio XII, de Coro conseguí un ambiente también de familia, que en efecto se convirtió al poco tiempo en una sola familia, porque mis padres tenían mucho contacto con los salesianos en aquella época, fueron sus amigos. Hubo un padre muy especial para la familia: el padre Pepe. Todo lo que él hacía, cuanto generaba a su alrededor, la cercanía a Jesucristo, creaba un ambiente donde se vivía una fe auténtica, una fe cristiana de verdad. Ese perfil de sacerdote y los sacerdotes que fueron acompañando los once años que estuve estudiando en el colegio Pío XII, me hicieron tomar la decisión de responder a la llamada del Señor. - A un joven que siente la primera inquietud o lo que le pide Dios para su vida y comienza a escuchar el llamado a la vida salesiana, ¿qué le recomendaría el padre César? - Lo fundamental es tener un corazón abierto. Abrirse a la llamada que el Señor. Él siempre te está hablando, se te está manifestando. Pero sucede que uno al principio está cerrado a eso que Dios le está diciendo. Si uno se abre y trata de recibir en su corazón lo que Dios quiere para nosotros, se puede responder con generosidad a Papá Dios. Es la segunda parte del lema sacerdotal: “quitaré un corazón de piedra y tendrán un corazón de carne”. El corazón de piedra es un corazón duro, cerrado, impermeable; en cambio el corazón de carne es un corazón sensible, humano y abierto a la escucha de Dios. - ¿Qué le dirías tú, en cambio, a los hermanos que comienzan este proceso formativo y que ven ahora en ti el fruto de la acción de Dios en tu propia vida? - A los hermanos en formación inicial les diría que hay momentos de oscuridad, de crisis, de desolación y a veces uno no ve claro porque confía en sus propias seguridades. El paso que tenemos que dar es confiar totalmente en el Señor; que Él sea nuestra única seguridad y eso va a llegar en la medida en que estemos dispuestos a hacer su voluntad, en cada instante y en cada una de las cosas que vayamos haciendo en la vida.
En estos últimos tiempos reflexionaba una frase que para mí
ha sido clave: dale la oportunidad
a Dios que te consuele. Cuando estás en
momentos de oscuridad y desolación espera, espera que Dios llega
con su consuelo
- Ese momento yo lo veo como un regalo de Dios, donde Él mismo se manifestó a plenitud. Dando por completo su amor. Lo manifestó a través de la gente que estuvo allí: todas las personas que hemos compartido parte de este camino; en definitiva, todos los que estuvieron allí vivían ese momento conmigo. Yo sentía que éramos una sola realidad, una comunidad que estaba viviendo una única experiencia y compartíamos los mismos sentimientos. - ¿El momento más impactante? - Cuando estaban imponiendo las manos. Con los ojos cerrados veía que mucha gente pasaba por allí a pedirme que fuera ese instrumento de Dios para los demás. Pero toda la celebración fue un único momento que, ciertamente, no se puede dividir en partes. - ¿Cuál fue la frase más llamativa de ese día? - Las palabras del Obispo fueron muy significativas. Nos dio un consejo que nos quedó grabado: se nos pide a nosotros religiosos, religiosas y sacerdotes a no acomodarnos, a luchar siempre según el ejemplo que Jesús nos ha dado. Y a nosotros los salesianos, nos invitó a seguir el ejemplo de Don Bosco que fue un “loco”, y que nosotros debemos también hacer de locos para Jesucristo por el Reino y trabajando con y por los jóvenes. - Un mensaje final para los jóvenes - Confiar en la promesa que nos hace Dios en el libro del profeta Ezequiel: LES DARÉ UN CORAZÓN NUEVO Y LES INFUNDIRÉ UN ESPÍRITU NUEVO. Confiemos en que así lo va a hacer con nosotros. |
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