Números publicados > Septiembre - Octubre 2006> Se fueron a la casa del Padre

P. FELICÍSIMO ÁLVAREZ

 


El P. Felicísimo con niños guajiros

El 6 de mayo, fiesta de Sto Domingo Savio, nos dejaba el P. Felicísimo para reunirse con su familia que lo había precedido y con la Familia Salesiana en el Jardín Salesiano. Escasamente dos meses antes habían partido a la Casa del Padre sus dos hermanas, Consuelo y Ludivina.

Pertenecía a una familia numerosa de 10 hermanos; educada por unos padres, verdaderos cristianos practicantes, como decimos hoy. En efecto, eran los encargados de la capilla del pueblo, participaban regularmente en la misa dominical, rezaban el Rosario diariamente y se preocupaban de que sus hijos igualmente fueran “buenos cristianos y honrados ciudadanos”, como quería Don Bosco de sus muchachos.

La vida del P. Felicísimo en el pueblo transcurrió de manera feliz con sus hermanos en medio de los duros trabajos del campo. Tendríamos muchas anécdotas que comentar de su infancia y juventud, llenas de humor y creatividad, pero este no es el momento para eso.

Después de hacer el servicio militar comenzó una experiencia de discernimiento vocacional con los salesianos; así es como a los 24 años se decidió a seguir a Don Bosco, como salesiano laico, con los salesianos de España. No tenía ni siquiera el Bachillerato por lo que tuvo que ponerse a estudiar; cosa que, como muchacho del campo, le costaba mucho porque no tenía hábitos de estudio, pero sí mucha voluntad y deseo de aprender. Hizo varios cursos de sicopedagogía y enfermería durante varios años en período de vacaciones. Estos estudios le valieron mucho para poder trabajar con los muchachos por bastantes años en varios internados en España.

Durante muchos años, además del trabajo como enfermero y educador, se dedicó a entrenar a equipos de fútbol donde los muchachos aprendían, no solamente a jugar, sino también a ser disciplinados y ordenados en su vida. Con frecuencia mostraba orgulloso los muchos trofeos conquistados con los equipos que entrenaba tanto en España como en Venezuela, principalmente en Amazonas.

Un día el P. Felicísimo sintió la llamada de Dios a entregar su vida fuera de su país. Su destino era Brasil, pero Dios había seleccionado otro lugar para él. Primero, se quebró una pierna y luego se enfermó su papá y no pudo salir para Brasil. Una vez que murió su papá solicitó más bien venir a Venezuela. Eso fue por el año 1978 y fue enviado a Carrasquero, Estado Zulia, con lo Guajiros. Allá pasó 10 años trabajando con gran esfuerzo y entrega en el Centro Agrícola Don Bosco y con las comunidades guajiras cercanas al Centro.

De nuevo el Señor le pedía otro sacrificio más para poder servirle mejor. Así es como solicitó estudiar teología para hacerse sacerdote. Después de muchas dificultades, porque el estudio le costaba mucho, pues ya tenía 51 años, fue ordenado sacerdote el 2 de julio de 1988. Fue un día muy especial, pues esa había sido siempre la ilusión de su vida.

De Carrasquero se fue al otro extremo de Venezuela: entre los indígenas de La Esmeralda y Puerto Ayacucho, Estado Amazonas. Después siguió su misión, de nuevo en Carrasquero y los caseríos de Punto Fijo, Estado Falcón, para llegar, finalmente, a Puerto La Cruz.

El recuerdo de Puerto La Cruz, los muchachos y personal del Colegio Pio XII, la gente de Fátima y muchos amigos y amigas más eran una referencia continua en sus conversaciones. Vivía más en Puerto La Cruz y Punto Fijo que en Caracas. Los continuos mensajes, llamadas, visitas, cartas, correos, etc lo tenían conectado en todo momento a su gente.

Sólo nos queda pedirle a Dios y a María Auxiliadora que el P. Felicísimo sea intercesor y padrino de la familia que quedamos aquí, de tantos amigos y amigas que dejó en Carrasquero, el Estado Amazonas, Punto Fijo y Puerto La Cruz. P. Manuel Álvarez.

Elías R. Aspúrua

 

Proyección ilimitada al prójimo

El día dos de mayo del presente año despedimos al Dr. Elías Rodríguez quien, después de una larga lucha por vivir, nos dejó para siempre. Sus grandes nexos con la Familia Salesiana lo hicieron sentirse como parte de ella. Desde pequeño vivía muy cerca de la casa de Boleita y luego al cumplir su hijo mayor 6 años lo llevó con gran ilusión para que hiciera el examen de admisión en el Don Bosco de Altamira. Alegría inmensa cuando fue aceptado para el primer grado. Estaba eufórico como si se hubiera ganado el primer premio de la Lotería.

En el fondo de nuestro corazón siempre soñamos con un hijo salesiano y aunque no se nos concedió el deseo, la cercanía con la familia salesiana nos cambió el estilo en nuestra proyección al prójimo, la forma de acatar los designios del Señor y vivir bajo el signo de la amistad y alegría.

Elías atendió como médico a muchos salesianos, desde Mons. Segundo García y el P. Ojeda hasta los tiempos actuales a los jóvenes SDB a quienes admiraba inmensamente.

Cuando el P. González vino de Cuba y tenía el proyecto de construir el Templo Nacional estaba Elías presidiendo la Junta Directiva de la Soc. de PP y RR del Colegio Don Bosco. Con esa Directiva se comenzaron las verbenas que se hicieron célebres y que dieron como resultado la construcción del Templo. Luego fundó el Departamento de Medicina de las Damas Salesianas y continuó fundando con el P. Jaime García el Centro Don Bosco en Brisas de Turumo, lugar de proyección al ser humano con sus servicios de formación cristiana, medicina, odontología, deporte y educación primaria.

Pasaron los años bellamente y nuestra amistad con la familia salesiana creció y se hizo fuerte, nuestros hijos y nietos, siguen nuestros pasos en respeto, admiración y amor a las enseñanzas de Don Bosco. Elisa Rodríguez

María Severina Peira

María S. Peira nació el 13 de mayo de 1918 en Capriglio (Italia), el pueblo de mamá Margarita. Estudió en la escuela donde Juan Bosco aprendió a leer y escribir.

En su juventud fue “Hija de Maria” y con su grupo aprendió a querer al Señor y a la Virgen participando en las fiestas, celebraciones y actos comunitarios. Se casó en 1938 con Bartolomé Marzano y tuvieron sus 5 hijos mientras Europa se destruía en la segunda guerra mundial.

Fueron muchos los sacrificios y trabajos con que María y Bartolomé, buenos campesinos, levantaron y educaron a sus hijos. En el caserío no había luz eléctrica, ni calefacción ni comodidades, pero en las noches la familia entera se arrodillaba para las oraciones y el S. Rosario

Mientras tanto iba cada año a su retiro espiritual, cada día a la Misa y no se cansaba de orar con el Santo Rosario y de cuidar, hasta cuando pudo, sus gallinas y la huerta. Fue socia de ADMA y muy devota de San José, Don Bosco y Domingo Savio. Estuvo pendiente del 150 aniversario de Mamá Margarita.

Les ruego recordarla en sus oraciones para que pueda entrar en la casa del Padre y reciba el premio a su laboriosidad, cordialidad, devoción y servicio. Muy agradecido en nombre también de mis familiares. P. Mateo


Pilar (Izq) y una amiga

María del Pilar ha partido al Paraiso

Pilar, era la menor de dos hermanos, proveniente de una familia sencilla y muy católica. Desde Perú llegó a Venezuela. Al poco tiempo, comenzó a frecuentar el Oratorio de las Salesianas. En 1986 conoce los grupos de la Familia Salesiana e ingresa a unos de ellos.

Pilar vivió su carisma salesiano con alegría, haciendo de Jesús el centro de su vida, con una gran devoción a la Virgen Auxiliadora y siendo digna hija de Don Bosco. Nunca se le vio triste; más bien en los momentos de mayor dificultad vivía la alegría de Don Bosco, caminando sobre las espinas.

Por 19 años trabajó en el Colegio Don Bosco en la Administración; allí, en su pequeña oficina, recibía a los muchachos que antes de iniciar clases pasaban a saludarla y cariñosamente le decían la “negrita bella”. Ellos eran su alegría, para quienes siempre tenía una palabrita cariñosa. Muchos de los representantes también dan testimonio de su amabilidad.

El 25 de julio Dios la llamó al gran jardín salesiano. En medio del dolor tan fuerte que sentía Pilar, quiso darle un sentido fecundo y lo ofreció, hasta su último momento, por la fidelidad de los consagrados y por la paz de Venezuela y del mundo. Gracias a la generosidad de los salesianos y del Padre Inspector, velamos a Pilar en el Templo don Bosco

Los familiares, sobre todo su mamá y su hermano, en medio del dolor, agradecieron el cariño manifestado a Pilar y todo el apoyo no solo en el momento de su partida, sino durante su vida en Venezuela. Y decían: “no nos imaginamos nunca que a Pilar la tenían en tan alto grado de santidad”, “ha sido para nosotros muy grato saber que Pilar era tan querida y tenía tantas amistades”

Inicio | ¿Quiénes somos? | Números publicados | Enlaces | Contactar
Subir | Regresar a Septiembre - Octubre 2006

Comentarios y sugerencias sobre este sitio: osic@donbosco.org.ve